Análisis de las resistencias

Por Vanesa Herrero Marinero, Socio Titular del Instituto Psicoanalítico de Salamanca

ÍNDICE DE “ANÁLISIS DE LAS RESISTENCIAS”

1. ¿Qué son las resistencias?

2. Causas.

3. Manifestaciones.

4. ¿Cuándo aparecen las resistencias?

5. Modos de resistir

6. Resistencia caracterológica. Reich

7. ¿Qué puede hacer el terapeuta?

8. Resistencia de transferencia. Sterba

9. Cómo puede hacer el terapeuta

10. ¿Alguna vez no aparece el recrudecimiento de las resistencias?

11. Importancia de la autoestima y la identidad

12. Bibliografía

¿QUÉ SON LAS RESISTENCIAS?

Las resistencias son las diferentes formas en que el paciente infringe la regla fundamental de la Libre Asociación. (S. Freud)

Efecto defensivo que actúa contra la eficacia de la terapia y que pueden manifestarse de forma aislada, en sistema, esporádica o continuamente. (A. Freud)

Negativa inconsciente a movilizarse, a avanzar e incluso a comprender, adoptando diferentes códigos para expresarse. (L. Cencillo)

Defensas que se vuelven contra la eficacia terápica y el efecto de las defensas en general, cuando se organiza contra una agresión o un estímulo o se opone ante un modo de actuar que el sujeto no acepta. (Cencillo)

Provienen de la negativa a:

–Asumir lo inconfesable.

–Aceptar lo propio en cuanto propio.

–Integrarse en una praxis responsable de cara a la realidad.

–Una ética autógena y libre para salir del refugio unilateral de una normativa superyoica.

Si evoluciona bien el proceso terápico, el paciente va avanzando más o menos lentamente hasta llegar a temer el desenlace que va a acabar con sus ventajas o ganancias secundarias, puesto que el cambio que va a producirse va a ser irreversible.

Si en este punto de la terapia, se interrumpe o se abandona, antes de dar ese paso irreversible, el paciente queda en un estado regresivo o tendente a la regresión (estado de resistencia), pudiendo manifestarse en síntomas aún peores que antes de empezar.

Por ello, se aconseja no abandonar en este punto la terapia, antes es mejor derivar a otro terapeuta, hasta que su personalidad se haya consolidado, integrado y abierto incondicionalmente a la realidad de la praxis social.

Toda patología es un sistema defensivo errado e insuficiente: el sujeto se defiende a costa de su integridad psíquica y de su realización social.

Se defiende “haciéndose el muerto” como los insectos. Por eso, no conviene suprimir en los comienzos el síntoma.

Mientras no se haya empezado a integrar la personalidad, el síntoma sirve de defensa contra:

–Una invasión de la vida inconsciente desde el dentro.

–La agresividad de los otros o de la realidad total desde el fuera.

La resistencia fue descubierta por Freud.

Tras abandonar la hipnosis, elabora un nuevo para llegar al trauma, la coerción asociativa, estimulando al recuerdo.

La coerción asociativa confirma a Freud que las cosas se olvidan cuando no se quieren recordar, por dolorosas, feas, desagradables, poco éticas.

Lo que en el momento del trauma condicionó el olvido es lo que en el momento del tratamiento condiciona la resistencia: hay un juego de fuerzas, un conflicto entre el deseo de recordar y el de olvidar.

Entonces no se justifica ejercer la coerción, por lo que se deja que el paciente hable libremente: LIBRE ASOCIACIÓN.

Recordamos…

•FASES MEDIAS:

POSICIONAMIENTO RESISTENTIVO O DE RECRUDECIMIENTO DE LAS RESISTENCIAS

–POSICIONAMIENTO RESOLUTIVO O DE RESOLUCIÓN DEL CONFLICTO INCONSCIENTE

En el posicionamiento resistentivo, pueden desarrollarse nuevos síntomas o agravarse los anteriores.

Esto es debido a que la neurosis, antes de remitir, se esfuerza por perdurar, buscando canales expresivos metafóricos y distorsionados.

(Cencillo, 1988c)

El indicio de que estamos ante un posicionamiento resistentivo es que se observe inmediatamente después de un momento inicialmente resolutivo y prometedor, cuando parece que ha habido indicios de movilización y de avance en la concienciación y en la apertura a los propios factores dinámicos o a los de la realidad objetiva; y si, junto con el incremento de síntomas, se desarrollan estrategias inconscientes (“trampas”) por parte del paciente para confundir y hacer caer de su rol al terapeuta.

Suponen la clave de que el proceso avanza y su resolución final se acerca.

CAUSAS

En el fondo “nadie desea saber la verdad” acerca de sí mismo.

Se teme verse rebajado en las fantasías narcisistas.

No se desea perder las ventajas secundarias.

Cualquier estatus o estructuración estable de la personalidad hace temer la desestabilización.

La sensibilidad se niega a cambiar, por mucho que conscientemente lo desee.

Predomina el PRINCIPIO DE PLACER que rechaza cualquier incomodidad y todo cambio conlleva incomodidades.

¿Por qué se producen las resistencias?:

Comodidad y/o fijación infantil en principio de placer.

Miedo infantil.

Depresión desmotivadora.

Falta de autoestima.

Fijación en la madre, por la conciencia profunda de fracaso e incapacidad, sobre todo cuando fue castrativa, severa y devaluadora del hijo.

A la dinámica del proceso terápico se opone todo un sistema de defensas que el paciente ha desarrollado para:

–Mantener el precario equilibrio de su personalidad, en el caso de personalidades neuróticas y psicóticas.

–Huir de la realidad, en el caso de personalidades psicóticas.                                                                                                     

MANIFESTACIONES

Se puede producir de dos formas distintas:

–Abrupta, casi violenta: se reagudizan los síntomas. Deja de ver claro lo que veía hasta ahora.

–Ligera, pero pertinaz regresión: se pierde lo que parecía consolidado y el paciente trae siempre el mismo material y las mismas dificultades.

¿CUÁNDO APARECEN LAS RESISTENCIAS?

Una actitud resistentiva generalizada puede darse en las siguientes ocasiones:

–Deseo que la terapia fracase, por:

Haber sido impuesta por familiares o razones no personales.

Ventajas secundarias de la enfermedad, que no quiere perder. à ganancia secundaria.

Carácter masoquista.

Miedo infantil profundo y generalizado.

Inconvenientes de la edad para realizar cambios de personalidad.

–Actuación reiteradamente equivocada por parte del terapeuta.à el paciente reconoce los fallos.

MODOS DE RESISTIR

  1. PRÁCTICO
  2. CONFUSIVO
  3. SOMÁTICO
  4. REGRESIVO
  5. FANTASMÁTICO
  6. DEPENDENCIAS DESIDENTIFICATIVAS
  7. RUPTURAS DE ENCUADRE
  8. CESE DE SUEÑOS Y FANTASÍAS ESPONTÁNEAS
  9. BLOQUEO EMOCIONAL Y EXPRESIVO

Las resistencias no se producen de manera aislada, unos modos se superponen a otros.

Podría parecerlo en el último, que es un bloqueo generalizado con falta de respuesta.

Aun en ese caso se advierte un aumento de regresividad y aparición de nuevos síntomas (somatizaciones), confusión o falta de identidad, además de actos fallidos (no acudir a la hora acordada, hablar de la terapia con los demás, olvidarse de algo muy importante para su futuro en un momento decisivo, …)

1 Práctico

•Muy peligroso.

•Se da fuera de las sesiones.

•Genera circunstancias irreversibles y fijativas que pueden:

–hacer imposible, de momento, la resolución del caso.

–hacer que se interrumpa la terapia.

•Por ejemplo:

–Enlace matrimonial o comienzo de convivencia con alguien que no ayuda al cambio, sino que perpetúa la actitud inmadura.

–Cambio de profesión, inicio de negocio.

–Determinadas lecturas.

–Dejar estudios o puesto de trabajo para volver con familia de origen.

–Cambiar de ciudad.

–Etc.

2 Confusivo

El paciente pierde el hilo conductor de su proceso.

No comprende los señalamientos.

No puede colaborar con un mínimo de lucidez, mezcla todo, se le escapan puntos decisivos.

Lowen: “los masoquistas adquieren una estupidez añadida que no dimana de su capacidad mental.”

3 Somático

Aparecen nuevos síntomas físicos.

El paciente los suele interpretar como enfermedad orgánica, pero los análisis médicos no encuentran origen orgánico.

Se dan mareos, ataques de asma, descomposición u otro tipo de indisposiciones que impiden acudir regularmente a las sesiones.

4 Regresivo

El paciente vuelve a miedos pasados.

Muestra incapacidad para sintetizar y calcular riesgos.

Reaparecen sentimientos y comportamientos patológicos ya superados.

Por ejemplo:

–Reconciliación con pareja alienante.

–Abandono de un nuevo puesto de trabajo.

–Abandono de estudios.

–Reclusión en casa.

–Vagabundear.

–Etc.

5 Fantasmático

Se dan distorsiones de la realidad.

Aparecen miedos repentinos de nuevo estilo.

Surge una aprensión higiénica: piensa que hay cosas que le contaminan.

Llega a proyecciones de tipo paranoide: le parece que le siguen, o le espían, le pinchan el teléfono…

6 Dependencias desidentificativas

Se establecen dependencias desidentificativas bajo el efecto de fantasías de incapacidad o de pérdida de recursos económicos.

El miedo a que falten los recursos económicos es un fenómeno muy frecuente hoy, y con razón; pero, en estos pacientes constituye una forma muy tenaz de fijación dependencial o de no atreverse a romper con situaciones alienantes o neuróticamente constituidas.

En estos casos, primero hay que conseguir superar los miedos imaginarios que, en la práctica, no suponen ningún riesgo inmediato de carencia.

7 Ruptura de encuadre

Mezclar el “dentro” y el “afuera”.

Se trata de descolocar al terapeuta y hacerle adoptar roles inoportunos que dan motivo a la vida consciente para desengañarse de él.

Las rupturas de encuadre pueden consistir en venir a deshora, llamar por teléfono a deshora, sorprender fuera de la sesión o por la calle, ir sin que coincida con su sesión, simbiotizar, tratar de seducir eróticamente, pedir favores fuera de la terapia, distanciarse por el desengaño que siente ante las negativas del terapeuta, etc.

Expectativas mágicas no cumplidas, desilusión, exceso de sumisión al terapeuta (represiva de la agresividad).

Causa la ruptura de la transferencia: se exige al terapeuta que sea superhumano y, como no lo es ni puede serlo, se le descalifica como incapaz.

Puede consistir en indagar algún dato negativo del terapeuta y comentar con amigos o parientes, o con otros pacientes, los señalamientos del terapeuta o la marcha de las sesiones.

Se puede reconducir si el paciente decide enérgicamente no condescender a sus personas cercanas.

8 Cese de sueños y fantasías espontáneas

Es indicativo de que la vida inconsciente se paraliza y no quiere seguir colaborando.

En estos casos se puede recurrir a:

–RED de Desoille (“Sueño Despierto Dirigido”): emplea lo imaginario para acceder al inconsciente.

–Láminas del TAT de Murray (“Test de Apercepción Temática”): sirve para asociar y divagar con la imaginación a propósito de cada escena representada.

Técnica RED:

Generar en el paciente un estado mental intermedio entre la vigilia y el sueño, profundamente relajado en el diván y centrado sobre su mundo interior.

Se suscita una fantasía visualizada a través de unos temas estándar de carga simbólica universal (viajar al fondo del mar, buscar una llave o una espada, encontrar un tesoro, entrar en una cueva, etc.) y, posteriormente, a través de cualquier material significativo para el paciente (recuerdo, fragmento de sueño nocturno, carta, etc.).

Láminas TAT

9 Bloqueo emocional y expresivo

No se siente.

No viene nada a la mente que “sea digno de expresarse”.

El paciente no se siente movido a manifestación alguna.

Suele cursar con olvido de hora, llegadas a destiempo, enfados por no ser recibido…

Aparece una falta de respuesta total, en un nivel práctico, a las intervenciones estratégicas o señalamientos por parte del terapeuta.

Resistencia caracterológica. Reich

En su artículo Sobre la técnica del análisis del carácter, presentado en 1927 en el X Congreso Internacional, lo que hasta ese momento era para Reich el estudio de la resistencia y sus estratos, se transforma ahora en una situación más compleja, el análisis del carácter.

La dificultad para asociar libremente traduce prístinamente la estructura del carácter.

Distingue dos tipos de resistencias:

–Las corrientes o comunes.

–Las caracterológicas: que operan continuamente y ante “todos” los conflictos.

Según Reich, la neurosis de carácter es previa a la neurosis sintomática.

El síntoma es una eflorescencia de la estructura del carácter, se asienta en ella. La diferencia fundamental es que el rasgo de carácter tiene una estructura mucho más compleja.

El síntoma se habría incorporado a la estructura del carácter a través de identificaciones en el Yo y de procesos de racionalización que lo hacen sintónico.

¿QUÉ PUEDE HACER EL TERAPEUTA?

En la terapia, “lo importante no son las cosas reales, sino el modo de comunicarse” con ellas y, sobre todo, acerca de ellas. (Rorty)

El papel del terapeuta consiste en estimular silenciosamente a avanzar y a asumir.

Qué hacer:

  1. Preguntar aprovechando los silencios, analizando las palabras y tirando de “los cabos sueltos” que deje el paciente.
  2. Señalar oportunamente, analizando la aceptación o la oposición del paciente.
  3.        Hacer inferencias de lo que dice el paciente, de sus resistencias y sus somatizaciones.
  4. Las resistencias han de ser tratadas del modo opuesto a como ellas se presentan y a la intención (metafóricamente expresado) que las genera.
  5. El terapeuta tiene que mantener la actitud de sobreponerse interna y subjetivamente a lo que las resistencias producen de desalentador, paralizante o dubitativo acerca de un pronóstico favorable.
  6.        Lo primero (y tal vez lo único) que se requiere cuando aparecen las resistencias y, sobre todo en la fase resistentiva, es una dilatada paciencia.  (Cencillo. 1988c.)  

Según Cencillo, en contra de lo consideran Reich y sus seguidores, se desaconseja instruir al paciente acerca del método y de los supuestos teóricos de la terapia.

Estas instrucciones pueden ser perjudiciales porque pueden crear confusión, temores o alarma en el paciente y suministrarle armas para defenderse de ese mismo método: las resistencias más eficaces son las que utilizan los mismos presupuestos del terapeuta.

Las técnicas activas de Reich quizás precisan aclaraciones para salvar prejuicios en los pacientes, durante las primeras sesiones del tratamiento.

Resistencia de transferencia

De acuerdo con el modelo freudiano de 1912, del que Sterba parte (Sterba, 1934), la transferencia se establece como resistencia al trabajo de investigación del análisis, ya que el paciente actúa para no recordar una experiencia infantil, lo que promueve una defensa del Yo frente al terapeuta transformado en representante de las mismas tendencias a las que el Yo del paciente se tiene que oponer.

Según Sterba, el trabajo del terapeuta consiste en superar la resistencia de transferencia que obstruye el avance del proceso.

Cuando el terapeuta interpreta la resistencia de transferencia contrapone el Yo del paciente a la actividad instintiva que se ha reactualizado en la transferencia.

Al ayudar al Yo del paciente (órgano de contacto con la realidad), que se siente amenazado por su Ello, el terapeuta le ofrece una posibilidad de una identificación que satisface la prueba de realidad que necesita el Yo.

La actitud del terapeuta se centra en emplear el “nosotros” para invitar al paciente a que se identifique con él, se pueda establecer la transferencia y desarrollarse la terapia analítica. Esto no se da en la fase resistentiva, sino antes.

Pautas:

  1. No engancharse en la resistencia, que el discurso no llegue a polarizarse en torno a ella.
  2. No dejarse desestabilizar ni mostrar preocupación o desconcierto por la emergencia.
  3. Mostrar mayor comprensión que nunca con el estado y el comportamiento del paciente.
  4. Explorar los propios sentimientos contra transferenciales y los sueños del paciente para hallar las claves o sentido de las resistencias.
  5. Desarrollar una mayéutica que ponga en evidencia las contradicciones (existenciales y tendenciales) del sistema de defensas y en las que se mueve el paciente.

¿Cómo puede actuar el terapeuta?

  1. Sirviendo de testigo, de pantalla proyectiva, de continente y de sparring al paciente.
  2. Sin asustarse, sabiendo que es un momento privilegiado para conseguir un avance estable.
  3.       Ha de acorralar al paciente (en este momento hay poco riesgo de ser “persecutorio”), reducir al absurdo sus defensas, y los supuestos tácitos de las mismas, y animarle a dar el último paso.

Técnicas

  1. Mayéutica, desenmascaramiento, denuncia o descubrimiento de las claves resistentivas y conseguir sorprender (por la espalda) a su sistema de defensa.
  2. Orientado a que el propio paciente se responda acerca del sinsentido de su resistencia, de sus posibilidades de futuro o de la irrealidad de ese miedo, de ese fantasma, de toda una visión de mundo distorsionada y no tenida antes de este posicionamiento.
  3. Ya no se trata de explorar, sino de mostrar que en esa nueva actitud el paciente “trata” de regredir, de cerrarse al futuro y seguir saliendo de la realidad, que son las tres direcciones a las que apuntan sus resistencias.

Mayéutica 

Se puede aprovechar alguna peculiaridad concreta que aparezca:

“Parece que no adelantas mucho, ¿temes a algo si cambias?”

Si viene indignado contra sí mismo porque ha cometido un acto fallido que le perjudica mucho:

“¿Te das cuenta de que te niegas a vivir a tu favor? ¿Qué ventaja puedes sacar de ello?”

Niega rotundamente que saque alguna ventaja:

“Alguna ventaja obtendrás, por lo menos algún regusto inconsciente, pues si fuera todo tan doloroso como ahora conscientemente lo ves, no lo habrías hecho. ¿No te parece que puedes estar culpabilizado por algo o que te sientes más tranquilo perdiendo que ganando?”

Desenmascaramiento

Consiste en “desenmascarar” o descubrir las intenciones secretas de la vida inconsciente –desconocidas para el paciente-, sus estrategias, su tendencia a permanecer estáticamente desintegrada o rígida.

Se emplea cuando esté muy claro:

“Estás buscando compensaciones” “Tiendes sin saberlo a tal objetivo…”, “Tratas de mantener tu relación infantil de sometimiento y autonegación por miedo al castigo”, “Temes tu independencia”, “Al parecer, te sientes amenazado si sales de la protección (fantaseada) de tu madre”, etc.

Con el desenmascaramiento puede insistirse en acorralar las intenciones inconscientes del paciente y “obligarle” a confesar que “no desea curarse” o salir de sus ventajas secundarias o de otras dudosas gratificaciones de la pulsión de muerte.

Cencillo considera inapropiado hablar de “pulsión de muerte”, pues la muerte es algo abstracto y la libido tiende a objetos concretos como la autoagresividad o la autodestructividad.

Sin embargo, en este momento de la terapia el término tiene resonancias útiles para alarmar al paciente, pues nadie quiere morir, ni los suicidas.

Puede ser motivador despertar el recelo de estar “suicidándose” socialmente, al no querer avanzar hacia la integración y la realidad.

Denuncia o descubrimiento de las claves resistentivas

Ahora es el momento de atacar directamente el sistema defensivo, el síntoma.

Es un momento en el que ya ha empezado a afirmarse la personalidad sana “por debajo” y a pesar de los síntomas o las exasperadas defensas del estado y modo de existir anterior.

Sorprender por la espalda las defensas patológicas

Equivale a desvelar la paradoja que en fondo actúa: poner de manifiesto y que el paciente asuma las contradicciones, el sinsentido sin salida de una actitud cerrada a la realidad y, sobre todo, al futuro real.

¿Cómo? Induciendo con preguntas mayéuticas al paciente a prolongar las líneas que se esbozan en su actitud o en su situación presente, con frases breves y dosificadas, evitando tono de sermón.

“Le tienes miedo al futuro y te resistes a terminar el proceso, pero ¿no te das cuenta de que siguiendo así el futuro va a ser todavía peor que si actúas de acuerdo con tus exigencias?”

La personalidad patológicamente instalada se caracteriza por su falta de sentido de futuro.

No prevé ni es capaz de tomar medidas o decisiones válidas para preparar la calidad de su futuro, vive acosado por el pasado o por el presente.

“Vivir el presente” es claramente patógeno, de personalidades desajustadas que no quieren planificar.

Existir en el presente implica estar abierto al futuro, estar haciendo que el futuro, hasta entonces irreal, se vaya haciendo real.

Recordar…

Voz pausada y distendida, como que se dice algo evidente. No emplear ironía ni mordacidad.

Frases breves y dosificadas, evitando el tono de sermón que puede parecer al escribirlas.

Excepcionalmente, se puede valorar la necesidad de implosionar al paciente con un desafío incisivo para sacudir su pasividad, pero sólo si se ve totalmente claro. Si no, siempre es mejor la serenidad, la razonabilidad y el afecto positivo hacia el que sufre.

Analizar las resistencias no es lo mismo que vencerlas o superarlas, ya que esa actitud puede crear una atmósfera restrictiva y moralizante que no es buena para el proceso analítico.” Giovacchini (1972a)

Técnicas activas. Reich y Lowen.

No son técnicas únicamente del posicionamiento resistentivo, aunque sí se desaconseja su uso en las primeras fases de la terapia analítica.

Casos que se estancan y no se movilizan en mucho tiempo, se podría acudir con ellos a los lugares de la infancia, sobre todo si aparecen reiteradamente en los sueños y hace mucho tiempo que no se han visitado, a condición de que la relación se siga controlando dentro de su encuadre.

Jugar un juego: por ejemplo, partida de tenis para que el paciente suelte su agresividad contra el terapeuta. Si se conviene pautadamente y se pauta el modo de proceder puede ser muy positivo. (Cencillo, 2008b)

Ejercicio del arco
Taburete bioenergético
Ejercicio de enraizamiento

¿ALGUNA VEZ NO APARECE EL RECRUDECIMIENTO REGRESIVO DE LAS RESISTENCIAS?

Sí, en dos supuestos, en los que el paciente se mueve continuamente en una actitud resistentiva:

–Por la ansiedad que despierta el modo de estar en la sesión.

–Por el dogmatismo de los señalamientos.

J. Lacan: “El sentido común del paciente se resiste a admitir interpretaciones arbitrarias o doctrinarias”.

ELABORACIÓN DE LA FASE RESISTENTIVA

Condiciones que reflejan el avance terapéutico:

El sistema infantil de defensas queda desmontado.

  • Regrede a posibilidades primarias de la libido.
  • Expresa deseos infantiles (relacionados generalmente con Edipo pasivo o bisexualidad básica).
  • Se moviliza la agresividad contra el terapeuta (por negar satisfacción de deseos infantiles o como agresión a padre o autoridad).
  • Se revivencian traumas primordiales.
  • Toma conciencia de constelaciones fantasmáticas y/o simbólicas asociadas a efectos básicos.
  • Comprende (insight) los sistemas condicionantes familiares, afectivos y/o fantasmáticos.
  • Asume en profundidad (vivencial y afectiva) lo negativo y “siniestro” propio y ajeno, sin negación maníaca ni condescendencia desarticulada.
  • Acepta totalmente (vivencial, afectiva e identificativa) lo propio y en las propias dimensiones (defectuoso o no).
  • Tiene sueños reveladores de todo ello, movilizadores e integradores de lo disperso, escindido o negado.

IMPORTANCIA DE LA AUTOESTIMA Y LA IDENTIDAD

La adquisición de la autoestima e, implicada en ella, de la identidad es un factor que no se tiene en cuenta como objetivo para el final exitoso de la terapia. La des represión y liberación han prevalecido.

Parece que en este momento de la terapia la autoestima debe incoarse ya que se persigue la motivación para seguir adelante, pues es la falta de ella la que paraliza y permite seguir alienado por fantasmas del pasado.

La identidad sería el producto final y definitivo de la autoestima y, por consiguiente, el resultado fundamental de toda la terapia.

Autoestima e identidad suponen la recuperación del Yo real y la consolidación de la personalidad activa, foco de comportamientos adaptativos, elásticos y positivamente eficaces.

La autoestima es un factor de salud; no consiste en narcisismo salvo un componente primario infantil. Para que el narcisismo primario del bebé se convierta en autoestima y no derive patológicamente, tiene que darse un afecto parental moderado, que refuerce la identidad del niño y sus cualidades.

La carencia de autoestima puede venir de un trato frío o humillante por parte de los padres y educadores que condicionó al niño a no poder desarrollar una imagen positiva de sí mismo.

Para quien carece de autoestima, su propia identidad es irrelevante, prefiere ignorarse y tiende, radicalmente desmotivado, a no actuar.

Cuando esta negatividad llega a producir dolor, actos inconscientes autoagresivos, pérdidas sociales y económicas inexplicables y, en materia sexual, llega a no soprtar el placer si no en forma de dolor, se trata de una personalidad masoquista, un caso de falta de autoestima activa.

Por eso es tan frecuente la tendencia a creerse e imaginarse ser como no se es, pues lo que produce insatisfacción es ser como se es (o como se cree ser, como le han hecho ser o le ha presentado ante sí mismo el grupo familiar). En el extremo está la esquizofrenia que, generalizando mucho, es una gran evasión de todo lo que es, empezando por sí mismo.

La autodevaluación generalizada de la falta de autoestima se concreta en sentirse:

–Incapaz.

–Indigno, sin base para interesar o ser querido.

–Carente de cualidades deseadas o exigidas por el entorno social.

–Impresentable (“vergüenza de sí”).

–Éticamente malo, perjudicial.

–Irremediablemente perdedor o negativo en lo que se refiere a logros necesarios.

Se dan, por ello, tres componentes en la fantasía del paciente: incapacidades, culpabilidad y negatividad.

Si el sujeto se percibe totalmente opuesto a la falta de autoestima, sería indicativo de exaltación maníaca.

La moderación en la percepción de cualidades positivas en sí mismo supondría el criterio de salud:

–Sentirse medianamente capaz para algunas tareas o relaciones, pero no para todas.

–Verse presentable en un ambiente que le interesa (no en otros de nivel superior).

–Creerse suficientemente inteligente, con confianza en la propia capacidad de aprender.

–Sentirse capaz de adaptarse a nuevas situaciones, tolerando la frustración.

–Percibirse éticamente mediocre.

El razonamiento de que nadie es malo ni bueno, ni genial ni absolutamente negado es lo que debe asimilar el paciente con falta de autoestima.

Ocurre la profecía autocumplida en la que lo negativo de sus comportamientos se debe a su falta de autoestima y refuerza la torpeza o negatividad del sujeto que se teme a sí mismo como tope o negativo.

La identidad es la vivencia continuada de la singularidad propia en cuanto positiva, capaz, libre y autosuficiente; por lo menos para algunas cosas y en determinadas circunstancias. Es una vivencia sumamente simple, pero generalizada, fundante y sólida que supone la consolidación de la personalidad en sí misma.

La persona es un punto de vista único sobre el universo. Leibniz.

La identidad es la experiencia de esta unicidad singular y sola en el universo como instancia que juzga y dispone de sí para lo que juzga como mejor.

La identidad se logra en estos pasos:

Asumirse como se es, incluso con las propias carencias reconocidas.

Vivirse y vivenciarse como singularidad consistente (que no necesita siempre del otro).

Libre para ser: lo que se elige ser y como sujeto de derechos y obligaciones.

Autoconciencia responsable y flexible.

Capacidad de soledad acompañada de sí mismo.

Para intervenir en la falta de identidad el paciente ha de hacer insight y caer asuntivamente en la cuenta de que así no puede seguir existiendo y de que le conviene liberarse de fijaciones infantiles en figuras mitificadas y empezar a existir desde lo propio por escaso que sea. Requiere una detenida mayéutica en un lúcido realismo.

En definitiva, la resolución de las resistencias ha de pasar por la creación básica de un mínimo de identidad y de autoestima que mitigue los miedos al futuro, a lo distinto y a lo real.

Bibliografía

•CENCILLO, L. (2001) Lo que Freud no llegó a ver. Madrid. Syntagma Ediciones.

•CENCILLO, L. (2008) Eficacia de una terapia dinámica. Madrid. Manuscritos.

•ARIAS MARTÍN, T. (2012) Psicología y Psicoterapia en Luis Cencillo. Enfoque integral de base antropológica. Málaga. SEPHA Edición y Diseño.

•ETCHEGOYEN, R.H. (2009) Los fundamentos de la técnica psicoanalítica. Buenos Aires. Amorrortu.

•FREUD, S. (1895) Estudios sobre la histeria. Madrid. Ed. Biblioteca Nueva.

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