“Fenómeno de la delincuencia y actos violentos desde la Obra Freudiana”.

Por Nathaly Peña Alvarado.

Experta en Psicoanálisis Antropológico. Coordinadora del Instituto Psicoanalítico de Salamanca en Chile.

Para poder contextualizar en qué escenario se movilizan los actos delictivos, se va a exponer como piedra angular para esta reflexión la obra “El Malestar de la Cultura” texto escrito por Freud en el año 1930, luego de publicar “Psicología de las Masas y Análisis del Yo”, la primera se refiere a un tratado que da cuenta sobre el sentir humano, pretende poder dar cuenta sobre el afecto de plenitud, satisfacción y como bien lo expone en la primera parte del artículo, trata sobre la eternidad y sentidos en la naturaleza humana, algo casi del orden religioso. Este texto es considerado en la actualidad una de las obras más relevantes en el siglo XX, una obra primordial para las ciencias sociales modernas.

Freud en este artículo se cuestiona sobre cuales serían la grandes penas o penares de la humanidad, mencionando como grandes ejes tres de ellos: lo abrumador y poderoso de las fuerzas de la naturaleza, contra las que no es suficiente el gran recorrido de las ciencias del hombre; la fragilidad del cuerpo y de la vida sobre nuestra propia existencia y de nuestros seres queridos, y por último, siendo este el punto que nos atañe para nuestra reflexión, la incapacidad e insuficiencia del orden social para reaccionar ante situaciones que ponen en riesgo la construcción social y la integridad todos quienes la componen.

A modo de cuestionamiento ¿los actos delictivos vienen siempre acompañados de agresividad? Interrogante que se ira desglosando a lo largo de la presentación, pues desde lo que podemos presumir hasta el momento; la agresividad se encuentra siempre vinculada con la pulsión de muerte, entendiendo que una tendencia pulsional es algo intrínseco a la humanidad, ineludible, entremezclado con lo sexual estableciendo relación con el orden imaginario; ambas pulsiones, agresiva y sexual buscan como fin último poder ser realizadas y satisfechas. Freud plantea en este texto que la agresividad constituye el gran impedimento para el desarrollo de la cultura, siendo las guerras la máxima expresión de esta tendencia pulsional, en donde se atacan entre pares por diferencias del orden mayormente narcisista.

 En ocasiones se ha planteado la violencia como una respuesta ante el autoritarismo, pero bien puede ser que actué como lo contrario; funcionando como una manifestación ante la falta de la misma, pues como se nos presenta dentro “del malestar”, es un fenómeno que se da cuando existen faltas de limites o fracturas en el ordenamiento social. El padre del psicoanálisis es categórico en señalar que la cultura tiene una función sublimatoria-controladora, en donde la pulsión agresiva puede ser re dirigida hacia un bien común, lo que permite la coexistencia de comunidades a pesar de las numerosas diferencias en sus organizaciones psíquicas.

Para visualizar la totalidad de la obra “El Malestar en la Cultura”, la que se refiere a un tratado sobre poder, violencia y agresión. Este texto constituye un acto político, así como bien lo señala Aristóteles, el hombre es por esencia un animal político.

En el desarrollo de la segunda tópica de Freud, aparece la figura del superyó como tiránico, se desprende la idea que la culpa antecede al delito, esto procede del complejo de Edipo donde la consiga es “matar al padre y gozar de la madre”; ambas leyes desprendidas de “Tótem y Tabú” donde se fijan las líneas base de la civilización. En este sentido cometer actos deliticos provoca gran placer. Para todos los sujetos, cualquier transgresión cometida es solo un acto suplementario al deseo de transgresión originario. Entonces para regular goce y transgresión es que la ley del padre constituye  la base para  conformar la sociedad.

Dice Freud en la obra ya señalada “Me sería imposible indicar ninguna necesidad infantil tan poderosa como la del amparo paterno” refiriéndose así a la necesidad de poder contar un registro en la Ley, donde el padre pueda proporcionar límites sobre lo que puede permitir para coexistir, para ser comunidad.

La vida resulta altamente dura, cuenta con variadas situaciones angustiantes,  condiciones y dificultades que van limitando cada vez la obtención de placer y gratificación; es por esto que el hombre, como especie, ha ideado diferentes estrategias para poder sustituir este afecto, muchas de ellas consisten en la capacidad de sublimar mediante arte, ciencias y creaciones de diferentes tipos con las que pueden contribuir a la comunidad, esto es por supuesto para quienes poseen las habilidades psíquicas de contar con un mecanismo de tan elevadas características; por otro lado aparecen entonces los llamados “actos delictivos”, como la única manera de poder sustituir, desplazar y gozar a costa del otro.

El concepto de belleza suple en variadas ocasiones una puerta de entrada a la llamada felicidad, siendo este concepto una primitiva forma correspondiente a un tipo de goce ligado a la pulsión sexual, el concepto es representado en objetos o bien en caracterización del propio cuerpo, fenómeno que  se puede vincular a incidentes delictivos en donde lo que se busca es la obtención de bienes para reforzar la belleza en cualquiera de sus representaciones. Conjunto con esto aparecen los actos compulsivos de disfrute, en donde pasar el tiempo en acciones de este tipo, casi de actividad maniaca, como las fiestas, reuniones y consumo de sustancias para estimularse y escindirse de sus propias responsabilidades que tan castrantes son para muchos. 

En el transcurso del texto (El Malestar) podemos observar como engloba la idea que el malestar psíquico, así como la búsqueda del placer pretende encontrar algo denominado como “sentimiento oceánico”, esto relaciona de manera inevitable el aparto psíquico con el ordenamiento social. Siendo la felicidad en este punto entendida como la necesidad de satisfacer las pulsiones, independiente de la fuente originaria de estas, aunque bien sabidas son aquellas fuentes primordiales. La felicidad busca satisfacción inmediata, al no poder conseguir esto, y no poder alcanzar el clímax de satisfacción de la pulsión, es que lo traslada solo a objetos que permiten el desplazamiento del objeto deseado.

Ya que hemos realizado un recorrido, resumido, pero explicativo sobre el texto “El Malestar en la Cultura”, abordando  los dos primeros eslabones a obra: religión como necesidad de poder cobijar el sentimiento “oceánico” o de eternidad y en segundo tiempo poder pensar sobre la felicidad y sus posibles objetos de sustitución.

Es así como el carácter propio de la persona puede ser sustituido por productos, de belleza y goce; productos propios de una sociedad sostenida por el consumo.

La libertad individual, otro de los bienes anhelados por el hombre, no es propio de la cultura, pero sin embargo constituye algo que el hombre buscará primordialmente. La cultura no oferta este bien dentro de sus productos de consumo. El sentimiento de libertad no tiene sustitución, ni tampoco puede ser objeto de persuasión. Hombre como especie estará siempre anhelando mantener y regirse por un ordenamiento social y a la vez anhelará la libertad individual, manifestándose pasiva y agresivamente para poder conseguir este objetivo que tanta ambivalencia proporciona.

Referido a la sublimación, que sí corresponde a una creación elaborada de mecanismos defensivos propios del yo, es que se puede entender como el ser humano es capaz de suspender sus instintos y evocarlos en arte, ciencia, meditación y diferentes matices para poder representar lo primitivo como un producto cultural.

Freud en el quinto capítulo del “Malestar de la Cultura” nos hace una referencia ligada a los comunistas, señala que según sus postulados, ellos posicionan a los seres humanos como “buenos por naturaleza”, el hombre sería bueno de corazón y sería la aparición de la propiedad privada aquello que corrompe este enunciado. La posesión bienes privados concede un poderío sobre el resto de los hombres y sería en estos casos cuando aquellos que son privados de estos bienes pueden rebelarse hostilmente ante sus opresores.

Freud ante esta posición a comunista que intenta dar cuenta de la conducta hostil de aquellos que han sido privados de bienes, señala, sin pretender clarificar el génesis de estas creencias, mucho menos criticarlo, el instinto agresivo existía ya en épocas primitivas, cuando los bienes eran de uso común en su totalidad y no existía encomia de mercado, ni mucho menos mecanismos monetarios o de propiedad. Situación que a ojos de él y los post-freudianos son indiscutibles cuando se visualiza en la conducta de un niño pequeño que sin tener noción sobre la propiedad se manifiesta hostil aun cuando se encuentra en simbiosis simbólica con su madre.

Durante el desarrollo del capítulo siete del libro del malestar de la cultura, Freud señala lo siguiente “La agresión es introyectada, internalizada, devuelta en realidad al lugar de donde procede: es dirigida contra el propio yo, incorporándose a una parte de este, que en calidad de súper-yo se opone a la parte restante, y asumiendo la posición de consistencia [moral], se despliega frente al yo, la misma dura agresividad que el yo, de buen agrado, habría satisfecho en individuos extraños. La tensión creada entre el severo súper-yo y el yo subordinado al mismo la calificamos de sentimiento de culpabilidad; se domina la peligrosa inclinación agresiva del individuo, debilitando a este, desarmándolo y haciéndolo vigilar por una instancia alojada en su interior, como una guarnición militar en la ciudad conquistada.”

Sentir culpabilidad es algo mayoritariamente cultural, pues no necesariamente hace relación a aspectos innatos o naturales, en variadas ocasiones aquello que es “malo” es inmensamente satisfactorio para el yo, no produce malestar, si no que placer. Por lo mismo es que la pregunta sobre como poder discernir aquello que es bueno o malo no hace sentido a nuestro psiquismo de manera natural. Aun así lo malo o la maldad ha sido incorporada como algo que debe ser condenado, que se debe excluir de la realización. Cuando el hombre-mujer pierde el amor hacia el prójimo, amor del cual depende, pierde con ello su propia protección ante la superioridad de este y ante esto es que debe ser castigado.

En oportunidades cuando el niño reacciona agresivamente hace alusión a las primeras experiencias de privación sufridas por su propia figura de autoridad, en régimen real o imaginario de absoluto autoritarismo, situación que más adelante se irá mostrando con sus experiencias por figuras sustitutivas futuras. Para poder ir hilando aquello que conlleva la agresión, y que más avanzado en el relato lo iremos desglosando con “Tótem y Tabú”, Freud añade también el concepto de remordimiento, indicando que esto se remota a los primeros sentimientos de ambivalencia hacia aquel prototipo o padre primitivo.

“Tótem y Tabú”, una obra que invita a reflexionar acerca de problemas no resueltos de la psicología social. Tiene un importante matiz antropológico, da cuenta de comparaciones etnográficas entre aborígenes caníbales, nómades, que cazan su comida y que no cultivan la tierra como sus vecinos residentes en importantes ciudades.

¿Qué es el Tótem? corresponde a un antepasado del Clan con un espíritu protector y bienhechor que conoce y protege a sus hijos de los peligros; para aquellos  individuos que sean portadores del Tótem les corresponde una gran responsabilidad  que es de carácter sagrado y lleno de obligaciones hacia el resto de su comunidad, por lo que la violación de estos atributos trae consigo un gran castigo que en ocasiones y así se relata en el mito del “Padre de la Horda”, pueden terminar con su vida y/o comerse su carne.

Esta obra con su carácter antropológico tiene una enorme importancia dentro del psicoanálisis como disciplina, es en este texto cuando se menciona como piedra angular la prohibición al incesto y  al parricidio. Dando cuenta que esto no es un fenómeno cultural, pues es un fenómeno que se despliega en todas las tribus y constelaciones sociales, estableciendo esto “La Prohibición al Incesto y  Complejo de  Edipo” como un fenómeno universal.

Tabú como palabra posee las siguientes características: 

1.- Carácter sagrado o incluso impuro de personas u objetos.

2.- Naturaleza de la prohibición.

Tabú puede ser transmitido, heredado, creado, cualquiera de sus formas corresponde a un concepto que da cuenta sobre una manera de relacionarse con aquello que debe o no debe ser para mantener el orden social dentro de una comunidad.

“El Tabú parece emanado de una especial fuerza mágica inherente a ciertos espíritus y personas, es susceptible de transmitirse en todas direcciones por la mediación de objetos inanimados; las consecuencias de la violación de un Tabú no dependen solo de la intensidad de esta fuerza mágica inherente, sino que también de la intensidad que el escéptico opone a esta fuerza” (Tótem y Tabú, Freud 1913).

Se puede resumir al Tabú como aquello que es una prohibición muy antigua que es dictada por el exterior, por una figura de autoridad, y que aquello que anteriormente se expreso como “mágico” hace sentido según la fuerte ambivalencia, tentación a quebrantar ese Tabú.

En el capítulo cuatro: El retorno infantil al totemismo, del libro “Tótem y Tabú” nos muestra como el totemismo corresponde a un sistema primitivo, previo al de la religión monoteísta, que funciona como un sostén al orden social.

El mito del padre de la Horda:

“Se habla de un padre, un padre terrible como pocos, gozador como ninguno, que gozaba de las mujeres, y que, por su poder absoluto, expulso a sus hijos varones, después de haberlos castrado. Un padre dueño y señor de las siervas de su feudo. El recibió como castigo la muerte y la castración, ya que fue encontrado en un camino, tirado con los genitales destrozados. Nunca se supo quién fue el o los autores del crimen. Con seguridad fueron sus hijos”.

De este artículo, basándose en este mito, es que luego del remordimiento sentido por sus hijos se extraen dos leyes primordiales: no mataras a tu padre y no fornicaras con mujeres de tu misma tribu (prohibición al incesto).

Para poder continuar vinculando la obra freudiana con el tema de este documento, es que se expondrán dos textos de manera simple: Moisés y la Religión Monoteísta y Más allá del Principio del Placer, ambos continúan los lineamientos sobre la creencia de un padre primordial, ese padre que todo lo tiene y todo lo quiere.  Finalmente el texto “Delincuencia Juvenil” englobará el recorrido por este autor.

Moisés y la Religión Monoteísta es el último artículo que Freud publica en vida el año 1939, fallece meses después de su publicación, en Londres, mientras se encontraba huyendo de los Nazis; no es casual que haya considerado poder realizar un homenaje a su propio pueblo originario. En resumen se refiere a una privación de la figura de Moisés, posicionándolo como un egipcio y no un judío y que esto último constituye una necesidad del pueblo judío en poder identificarse con su patriarca. Reafirmando con esto que la verdad no siempre es verosímil, por lo que esta historia para tener el impacto socio cultural que provoco debiera tener un representante de su propia etnia. Este texto corresponde al igual que los presentados anteriormente, a un escrito de carácter antropológico.

Se estima que esta obra sobre Moisés, escrita por Freud está directamente relacionada con el origen de las instituciones, siendo estas primordiales para hablar del malestar, la queja, y los actos delictivos de algunos agentes de la comunidad, quienes mediante actos delictivos muestran su rechazo a la conformación y funcionamiento de estas, de las que no se sienten pertenecientes o incluso sienten que son atacados por las mismas. Freud posiciona a estas como reguladoras de las relaciones entre los individuos. Para este caso es que un sujeto ingresa en un ordenamiento con limites borrosos, pues es su propio narcisismo el que se ve fracturado en el intento de ser uno con el todo, siendo escindido, debiendo obedecer a dos posiciones de deseo, la de él y la del llamado bien común o de comunidad. Aquí es donde aparece el sujeto neurótico como producto de la construcción social, desconociendo si esto se daba con anterioridad en civilizaciones primitivas.

Generando de este modo la hipótesis que las instituciones son fuente de gran sufrimiento psíquico humano, pero que va a depender de la interacción con el sujeto como estás son vivenciadas en el orden de lo cotidiano. Es así que cada institución debe cuidar constantemente y también estar adaptando su funcionamiento y estrategias según el sujeto representante de cada época en la que se encuentren, siendo capaces de poder irse movilizando del mismo modo que las pulsiones individuales lo hacen en el aparato psíquico.

Reposicionándonos en la lectura de Moisés en Freud, esta obra transita por la idea del padre primordial que presentó en Tótem y Tabú; hasta la construcción del padre como una figura, como una ley simbólica, para muchos este texto (Moisés) representa una continuación del Tótem.

También se destaca en el artículo una analogía entre los orígenes de la religión Católica con el del padre de la Horda, pues son los hebreos, quienes según la traducción judeo-cristiana, matan, sacrifican al representante de su padre, al padre mismo. Y luego en concordancia con el padre de la Horda, son estos hijos quienes realizan un ordenamiento cultural-moral y se ven invadidos por el ya mencionado remordimiento.

Se estima que con la presentación de estos ensayos,  la religión se visualice como aquello que fundamenta al padre primordial en cualquiera de sus versiones, que va a ser núcleo y objeto de las neurosis en los sujetos. Cristo entonces es un significante de una fantasía de los hijos de este padre de la Horda, esa fantasía de poder negar y asesinar al padre.

Dentro del recorrido por la obra Freudiana, es necesario poder tomar el pequeño artículo publicado durante en 1916 “[Varios tipos de carácter descubiertos en la labor analítica: los delincuentes por sentimiento de culpabilidad]. Freud trata de dar sentido sobre los actos delictivos de sus pacientes ya mayores “La labor analítica me condujo entonces al sorprendente resultado de que tales actos eran cometidos, ante todo, porque se hallaban prohibidos y porque su ejecución se enlazaba, para su autor, un alivio psíquico. El sujeto sufría, en efecto, de un penoso sentimiento de culpabilidad, de origen desconocido, y una vez cometida una falta concreta, sentía mitigada la presión del mismo, el sentimiento de culpabilidad quedaba así, por lo menos, adherido a algo tangible”. Con esto es que Freud defiende la idea que el sentimiento de culpabilidad existe previo a cometer la falta.

La relación entre agresividad, actos violentos, delincuencia, etc. es que el texto “Más allá del Principio del Placer” se vuelve una pieza fundamental; pues es en este escrito donde él afirma la existencia de una teoría sexual que anuda y des-anuda las pulsiones, haciendo de esto un eje central para luego entender las motivaciones sobre los actos delictivos.  Es desde la publicación del texto que en adelante se considera la agresividad como una respuesta pulsional que puede o no estar vinculada a agentes del medio, puesto que las pulsiones hacen referencia a aquello que es propio del sujeto.

Los actos delictivos así como la agresividad se expresan de diferentes modos, según esto las pulsiones estarían en concordancia con aquello que se llama “Lo Real”. Freud en “Más allá del Principio del Placer” nos muestra tres posiciones sobre la agresividad: agresividad reprimida, agresividad interna y agresividad externalizada. Solo la parte que se externaliza es la que se muestra a modo de comportamiento violento. Desde este texto se desprende lo que luego será “El Sujeto de Derecho”, en términos que el sujeto debe responsabilizarse de lo que con el sucede, en relación a lo que desea y como goza con esto; siente y fantasea, siendo así responsable de la agresividad y por consecuencia de sus pulsiones destructivas, aunque estas no se manifiesten hacia los demás sujetos.

En función a los adolescentes, ellos que se encuentran en una etapa de desarrollo en donde las pulsiones se encuentran habitualmente muy desbordadas; son más propensos a no significar el goce en el orden simbólico, incurriendo en manifestaciones concretas, actos delictivos que pueden ser exploratorios o bien incontrolables para poder motivar la agresividad que él mismo no puede sobrellevar, depositándolo en el otro que lo “ataca”.

En relación al placer y sus diversas manifestaciones, en la primera infancia las maneras de gozar son plurales, el chico es así llamado por Freud como un “Perverso Polimorfo”, siendo el placer el fin último de todas sus acciones, entonces estas conductas se pueden vincular luego a la obtención de placer exclusivo, pues no tienen sentido de vergüenza.

En este texto se presenta la posición subjetiva del padre en su función como conciliador entre el sujeto y su entorno próximo, el padre entonces cumple una doble función: socializadora y portadora de las normas. En “Más allá del Principio del Placer” se va mostrando como en el acto delictivo intenta generar un corte con la ley, una revelación contra el padre, bien puede ser significado como un acto de rebeldía adolescente contra sus figuras primarias.

Este texto será primordial a la hora de poder valorar la conducta humana, Freud en esta obra registra una tendencia innata, natural a la agresividad, en donde la cultura cumple una función reguladora y normalizadora sobre “el deber ser”. Esto que se encuentra manejado por pulsiones, de vida y de muerte, solo encuentra su satisfacción una vez concretado su deseo.

Destaca que “Más allá del Principio del Placer” se encuentra en el acto de la repetición, proporcionando gran placer sobre las acciones compulsivas, vinculándolo con la idea que los delitos reiterativos se encuentran ligados con la convicción que los seres humanos poseen una pulsión que motiva a la agresividad, poder entender cómo es que solo algunos y no todos los miembros de la comunidad cometen actos delitos y/o violetos.

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